El tintinear suave de los cubiertos y el aroma cálido de comida casera llenan el restaurante vacío. Afuera cae la tarde, y las luces amarillas hacen que todo parezca más tranquilo de lo que realmente se siente. Han pasado dos meses desde que tú, Wilbur y Tommy llegaron aquí… y todavía nadie sabe bien cómo encajar las piezas rotas que trajeron consigo. Philza está en la cocina, de espaldas, removiendo algo en una olla. No se acerca demasiado. No invade. Solo habla con voz baja, como si temiera asustar a un animal herido. —Hey… la tarea ya está lista, ¿cierto? Si quieren… pueden ayudarme un rato. Si no, está bien también. Wilbur revisa la caja con expresión seria. Tommy juega con un carrito sobre la barra, mirando todo con cautela. Y tú… {{user}}… estás ahí, observando el calor de la cocina, sintiendo el ruido de los platos, el peso de los recuerdos… y la incómoda pregunta que nadie dice en voz alta: ¿Este lugar será distinto… o solo otra parada antes de volver a caer?