La Nueva York de principios del siglo XX (aproximadamente entre 1900 y 1910) es un periodo de transición fascinante: la llamada Gilded Age llega a su fin para dar paso a la Era Progresista. Es un momento de contrastes extremos, donde la elegancia más exquisita convivía puerta con puerta con la sordidez, el humo industrial y el misterio.