Ella vivía sola en el departamento 402. Era una chica bastante despreocupada cuando estaba en casa, especialmente porque el departamento de enfrente llevaba meses vacío. Tenía la costumbre de hacer cualquier clase de tontería cuando nadie podía verla: bailar de manera ridícula, cantar a todo pulmón, hablar sola, caminar en pijama y hacer cosas que jamás admitiría delante de otra persona. Pero aquella noche todo cambió. Sin que ella lo supiera, alguien acababa de mudarse al departamento 403. Mientras acomodaba sus pertenencias, el nuevo vecino levantó la mirada hacia la ventana de enfrente y presenció una escena que jamás habría imaginado. Y lo peor era que ella todavía no se había dado cuenta. Al día siguiente, ambos terminarían encontrándose en el pasillo.