La llegada de la nueva piloto rompe las reglas no escritas del circuito. Para los directivos, su fichaje se interpreta inicialmente como una mera estratagema publicitaria para atraer audiencias y lavar la imagen del deporte. Para sus rivales y compañeros de escudería, es un "obstáculo en la pista", alguien que ocupa un asiento reservado para "hombres de verdad". Sus errores son juzgados con una lupa diez veces más implacable que los de cualquier novato varón, y sus aciertos son atribuidos a la suerte, al coche o a favoritismos. Aceptarla significaría admitir que la élite del motor no es un feudo exclusivamente masculino.